Noticias, enero 2019

“Para gestionar los celos debemos entender que somos mamíferos y dejar de comparar”

(Esta es la crónica realizada por Escena Familiar del encuentro realizado el pasado 10 de enero en la Biblioteca Vapor Badia)

¿Como nos sentiríamos si al llegar a casa encontráramos nuestra pareja con otra persona? ¿Y si nos dijera que tenemos que aceptarla, que el amor se multiplica y que debemos amarnos? Fácil no sería, ¿verdad? Pues esto son los celos.

El tema centra buena parte de las preocupaciones de muchas familias cuando aparece un hermanito o una hermanita y hay que gestionar las emociones de unos y otros, mientras se sobrevive a una vida acelerada que cada vez deja menos espacio para sentir y para empatizar. Este es precisamente el mensaje y el punto de partida de la charla titulada “¿A quién quieres más?” que la psicóloga Celeste Vaiana ofreció el pasado 10 de enero en la Biblioteca Vapor Badia de Sabadell.

Para “exprimir” al máximo las obras que programa, La Sala de Sabadell ofrece charlas que dan herramientas a las familias para reflexionar, conversar y afrontar temas. La excusa para hablar de celos es la obra de teatro que este 20 de enero se representa en LaSala, El rei de casa, todo un clásico de los Farrés Brothers, que narra como un hermano mayor quiere “destronar” el pequeño y encuentra otros reyes que están dispuestos a hacer lo necesario para volver a mandar.

 

 

“El segundo hijo gana una familia al completo, pero el primero ha de elaborar un duelo y gestionar la pérdida del vínculo que hasta ahora lo sostenía, que es la madre”, comienza Celeste Vaiana. Bueno, no, el comienzo para entender qué significa celos y cómo se puede gestionar es más básico aún: “somos mamíferos”. Esto marca todo nuestro comportamiento y es necesario que lo tengamos muy en cuenta si queremos entender lo que ocurre en el periodo de crianza. “Lo primero que sabe que la madre vuelve a estar embarazada es el niño que hasta entonces era hijo único” -dice Vaiana-. “Es lo que más en contacto está con la naturaleza y lo sabe. Por otra parte, como mamífera que es, la madre necesita automáticamente cuidar de la cría, más allá de las otras que ya han nacido”, insiste. Así que todo es muy instintivo. En el tercer trimestre del embarazo, el niño que hasta ahora era hijo o hija única, “empieza a manifestar cosas raras”. “En las personas adultas es diferente, pero los bebés no reflexionan sobre si tienen celos o no. Perciben que algo ha cambiado en relación con ellos. Y se empiezan a hacer preguntas”. Ante reacciones estrictamente emocionales, que no pasan por el tamiz de la razón para que los niños no pueden teorizar todavía sobre qué les está sucediendo, es importante que pensemos como recibe el hermano o la hermana mayor la criatura que llega. “¿Como se ve al l amante que está con tu pareja en la cama? Por mucho que nos dijeran que hay amor por todos, que nos pueden amar igual, ¿quien lo encaja? “, subraya Vaiana entre las risas generales del público. Una vez ha nacido la criatura, pueden llegar preguntas como por ejemplo “¿Cuando se va?” Y es que los niños -sobre todo si son muy pequeños- no pueden entender qué significa la llegada de un hermanito o una hermanita. Y esto, hay que explicarlo desde las emociones, no desde las explicaciones teóricas.

 

 

La psicopedagoga argentina Laura Guttman asegura que somos los padres y madres quienes polarizamos la relación entre hermanos. Celeste Vaiana cita esta experta en familia y crianza para poner sobre la mesa  otra de las claves para entender y trabajar los celos: “Funcionamos por polaridad: si esto es negro, esto otro es blanco; si esto es bueno, esto otro es malo. La polaridad nos permite discernir algo a través de lo que no es”.

Y es que durante el embarazo ya empezamos a comparar: este hijo o hija se mueve más que el anterior, pesa menos, me duele más … “Es irremediable”, dice Vaiana. Pero esto conlleva consecuencias sobre la propia percepción de los niños. “Si uno de ellos es bueno y tranquilo, ¿que es el otro? Debemos tener cuidado porque la criatura encontrará su lugar a través del discurso materno, que es lo más importante. La mirada de la madre se instala “. Si polarizamos y decimos que uno de los hijos es tranquilo, estamos etiquetando al otro como el travieso, el movido. Y así será, porque asumirá esta etiqueta y responderá a ella. “Somos etiquetadores permanentes. Es terrible. Condenamos el otro si decimos que es así y ya está. Pero es difícil porque es inconsciente “.

 

 

Hay que tener muy presente que “lo que vivimos en el seno de la familia determina lo que seremos en el futuro, por ello, influye tanto lo que vivimos en la infancia. El concepto, la relación de hermandad se hereda”, asegura Celeste Vaiana. No quiere decir que tengamos que reproducir lo que hayamos vivido, pero sí será determinante y ante esto, sólo queda poner conciencia. Vaiana pone un ejemplo: “Las peleas que se producen entre hermanos por la herencia de los padres no es nada más que los celos llevada al extremo. Estos hermanos no se pelean por dinero, sino por quien se lleva el cariño de la madre”.

Así pues, somos mamíferos y no podemos evitar entender la realidad -y las personas- a través de la comparación. ¿Qué podemos hacer, entonces, para gestionar bien los celos? “Dejar de polarizar”, dice tajante esta psicóloga. Ni más ni menos. “Sin juzgarnos. Somos los mejores padres y madres. Si no comprendemos que la crianza es un ejercicio constante de ensayo-error, es que no entendemos nada. “Así, con comprensión también hacia las emociones de padres y madres, es importante ampliar la mirada y ofrecer especial atención al hermano o la hermana mayor. Hay que subrayar todo lo positivo que en las comparaciones que hacemos sin darnos cuenta puede quedar oculto o silenciado. “Hay que poner luz en quien estamos proyectando la sombra -dice Vaiana- y enfocar todo lo que hace bien”. No podemos olvidar que el o la mayor están en un proceso de duelo. “Hay que afrontarlo sin miedo y tener en cuenta que es importante cuidar de la salud mental de toda la familia. El malestar se instala en casa para que cambie algo, para que miramos qué pasa y si nada cambia, insistirá “, explica Celeste Vaiana. Así, la atención especial hacia el hermano o la hermana que sienta celos es importante: “Hay que intentar llegar al corazón del niño para que reciba el confort que necesita, para que se relaje y para que empiece a estimar el su hermanito o hermanita. Es así cuando empezará a comprender “. Para lograr esto, hay que tener muy presente que el niño no sabe cómo expresar lo que necesita. “Quiere amor, pero no sabe cómo pedirlo. Pero si ponemos toda nuestra disponibilidad y le preguntamos ‘qué necesita’ nos estaremos acercando “. Otra herramienta para reforzar la identidad y la autoestima del hermano o hermana mayor es destacar los beneficios de esta condición. No irá mal, pues, hacer algo con él / ella sin el pequeño o la pequeña.

“Tenemos que dejar de hablar tanto y observar más”, insiste la psicóloga: “Tenemos que dejar que sean los niños quienes demuestran quienes son, qué les gusta. Actualmente, estamos tan cansados ​​que lo que queremos en realidad cuando llegamos a casa es que se duerman. Pero también disfrutamos de las experiencias familiares nutritivas y eso es lo que tenemos que propiciar “, va cerrando Vaiana. Y es que esta experta en crianza y educación insiste en que no podemos cuidar de nuestros hijos e hijas si no nos cuidamos las personas adultas. Es necesario que tomemos conciencia de nuestra vida, de la aceleración que llevamos, de todo lo que se interpone en el tiempo que pasamos con nuestras criaturas. Y debemos tener la actitud y el tiempo para dejar que sean niños. De este modo, podremos “empezar a comunicar, a poner luz, a compartir lo que sentimos para que unos y otros nos comprendamos y nos conozcamos”.

Los celos son, en definitiva, sólo un aspecto de la convivencia familiar. Las emociones, como mejor se gestionan es desde una mirada de comprensión, tanto hacia los niños como hacia las personas adultas que forman parte de esta familia. Ánimo, pues. La crianza es toda una aventura.